La historia
Vibrarium nació de una pregunta: ¿cómo es un espejo hecho de código? La respuesta creció hasta ser un instrumento vivo — anillos concéntricos de luz que responden a la presencia, un mazo de arquetipos que se sortea en tiempo real, y lecturas compuestas no del azar frío, sino de lo que la visitante trae consigo.
Bajo la superficie, un fondo three.js respira tras cada escena, las playlists moldean la atmósfera y un motor de tarot empareja cartas con perfiles. Nada se guarda, nada se rastrea — el espejo te olvida al partir.